Análisis · Capacitación Laboral · Emprendimiento · Chile 2026
El fin de la franquicia SENCE no es el fin de la capacitación: es el comienzo de algo mejor
Chile eliminó un instrumento que llevaba 50 años deformado por el abuso y la ineficiencia. El desafío ahora es que los emprendedores del sector no lloren la pérdida — sino que lideren la transformación.
Por Alejandro Strajilevich · Abril 2026
Esta semana el gobierno de José Antonio Kast confirmó la eliminación total de la franquicia tributaria SENCE, el mecanismo que desde 1976 permitía a las empresas descontar gastos de capacitación laboral de sus impuestos. El ahorro fiscal proyectado es de US$300 millones anuales. La reacción del sector fue, como era de esperarse, una mezcla de alarma, indignación y — seamos honestos — también algo de alivio.
Yo no voy a celebrar esta decisión sin más. Pero tampoco voy a llorarla. Porque la franquicia SENCE, tal como funcionaba, tenía un problema de fondo que ningún parche podría resolver: fue diseñada para capacitar, pero terminó sirviendo principalmente a quienes menos la necesitaban.
La verdad incómoda: el sistema estaba roto desde dentro
Hay que decirlo sin eufemismos. La evaluación de impacto de DIPRES publicada en septiembre de 2025 fue devastadora: el programa no generaba efectos estadísticamente significativos sobre salarios, estabilidad laboral ni empleabilidad a 12 ni 24 meses post-capacitación. Cinco décadas de gasto público con resultado cero en lo que más importa.
Pero hay algo peor que la ineficiencia: la captura. El sistema fue colonizado por prácticas que convirtieron la capacitación en una ficción rentable. Cursos de aromaterapia, risoterapia y danza del vientre facturados como formación estratégica. Cursos fantasma donde los participantes nunca asistieron. Operadores que intermediaban para cobrar y no para formar. La propia Contraloría detectó que solo el 46% de los cursos fiscalizados en Tarapacá tenían cierre correcto. Un sistema que financia el fraude no merece ser defendido tal como está — merece ser transformado.
Lo que murió no fue la capacitación laboral. Murió el subsidio mal diseñado que la hacía rehén de quienes no necesitaban subsidio.
— Una distinción que cambia todoEl problema real: eliminar sin reemplazar es tan peligroso como no hacer nada
Aquí es donde mi postura se separa del entusiasmo oficial. El ministro Quiroz confirmó la eliminación total — no gradual — de la franquicia, pero cuando se le preguntó por el reemplazo, la respuesta fue: "vamos a estudiar esquemas de aprendizaje en el trabajo". No hay proyecto de ley. No hay institución sustituta. No hay cronograma.
Esto es un problema grave. El propio Plan de Reconstrucción proyecta US$51 mil millones en inversión minera a 2034 y un boom en construcción que demandará capital humano calificado que Chile hoy no tiene cómo formar si cierra el grifo sin abrir otro. 30.000 familias ligadas directa o indirectamente al ecosistema de OTECs y OTICs quedan en suspenso. Y los trabajadores de sectores medios y bajos — los únicos que usaban genuinamente la franquicia para crecer — pierden el único acceso formal a formación continua.
Colombia construyó el SENA en 50 años. Brasil, el Sistema S en 80. Alemania, su modelo dual en más de un siglo. Chile tiene meses para decidir qué pone en lugar de lo que acaba de eliminar. Esa urgencia es también una oportunidad.
Lo que los emprendedores del sector debemos entender hoy mismo
Si trabajas en capacitación laboral — ya sea como OTEC, consultor, diseñador instruccional, facilitador, o como empresa que forma a su propio equipo — este es tu momento. No para quejarte. Para reimaginarte.
El ecosistema de capacitación chileno siempre tuvo dos almas: la de los operadores que vivían de la franquicia como negocio de intermediación, y la de quienes genuinamente querían formar. La primera alma acaba de perder su oxígeno. La segunda tiene más espacio que nunca.
¿Por qué? Porque cuando desaparece el subsidio fácil, sobreviven quienes ofrecen valor real. Las empresas — especialmente las pequeñas y medianas — van a necesitar capacitación tangiblemente útil, medible, y lo suficientemente eficiente como para justificar el gasto de su propio bolsillo. Eso eleva el estándar y elimina a los que vivían del formulario bien llenado.
Las oportunidades concretas para emprendedores del sector
1. Formación basada en resultados, no en horas. El modelo SENCE medía "participantes" y "horas dictadas". El nuevo mercado medirá competencias adquiridas, productividad mejorada, retención. Si puedes demostrar impacto real, tienes una propuesta de valor que ningún operador tradicional puede igualar.
2. Microformación digital y bajo demanda. Las empresas que antes enviaban a sus trabajadores a cursos de 40 horas ahora buscarán formatos de 15-20 minutos, en el propio puesto de trabajo, con evaluación integrada. El e-learning bien diseñado tiene su mejor momento en Chile precisamente cuando el presupuesto para formación presencial colapsa.
3. Alianzas intersectoriales para escalar sin la franquicia. El próximo sistema chileno necesitará operadores que ya funcionen a escala sectorial. Los emprendedores que construyan desde ya alianzas con gremios, municipios y asociaciones sectoriales tienen ventaja de posición.
4. Posicionarse como aliados de la pyme. El 88% del gasto SENCE iba a grandes empresas. El 100% de las pymes quedó sistemáticamente fuera. Ahí hay un mercado enorme, desatendido, y que hoy más que nunca necesita formación accesible en liderazgo, comunicación efectiva, gestión financiera, ventas y desarrollo de habilidades. Si puedes servir bien a una empresa de 15 personas, tienes un cliente leal para años.
El emprendedor de la capacitación que gane la próxima década no será el que llore el SENCE: será el que entienda que el cliente ya no es el Estado — es la persona que quiere crecer de verdad.
— El giro que define quién sobreviveLa propuesta que nadie está discutiendo: incentivar a la persona, no a la empresa
Aquí está el giro que creo que Chile necesita debatir con urgencia, y que casi nadie está poniendo sobre la mesa: el error de fondo de la franquicia SENCE no fue solo el fraude ni la concentración en grandes empresas — fue que el incentivo estaba en el lugar equivocado.
Durante 50 años, el Estado le preguntó a la empresa: ¿quieres capacitar a tu gente? Yo te pago. El resultado fue predecible: la empresa eligió qué, cuándo, cómo y a quién. El trabajador era el objeto de la capacitación, no el sujeto. Y la persona que más necesitaba formarse — el trabajador informal, el emprendedor independiente, el adulto que quiere reconvertirse — quedó completamente fuera porque no tenía empresa que lo llevara.
La pregunta correcta es otra: ¿y si en vez de subsidiar a la empresa que forma, incentivamos directamente a la persona que quiere formarse?
El modelo que proponemos
Este modelo existe. Francia lo implementó desde 2019 con el Compte Personnel de Formation (CPF): cada trabajador tiene una cuenta individual de formación accesible vía app, con más de 400.000 cursos certificados disponibles. En 2022 se activaron más de 2 millones de cuentas. No es utopía — es política pública probada.
¿Podría Chile hacer algo equivalente? Sí, y con ventajas adicionales: tenemos infraestructura digital avanzada, Registro Civil con cobertura total, y un ecosistema de plataformas e-learning que ya existe y espera ser reconocido oficialmente. El costo fiscal sería menor que los US$300 millones que se ahorra el gobierno, si se focaliza en trabajadores de tramos medios y bajos — los que nunca pudieron beneficiarse del modelo anterior.
El derecho a formarse no debería depender de si tu empleador decidió mandarte a un curso. Debería ser tuyo — personal, portátil, acumulable.
— El principio que cambia el modeloLo que esto significa para los emprendedores del sector
Si el incentivo se traslada a la persona, el mercado de la capacitación se transforma radicalmente. Ya no hay que convencer al jefe de RRHH de una gran empresa: hay que convencer directamente al trabajador, al técnico, al emprendedor. Eso favorece a quienes tienen propuestas concretas, accesibles y demostrablemente útiles — exactamente lo opuesto del modelo de los cursos fantasma.
Para los emprendedores de la capacitación esto significa: invierte en reputación, en metodología, en resultados medibles. Construye una marca que el trabajador quiera elegir cuando tenga la libertad de elegir. Ese es el negocio que sobrevive — y prospera — en el nuevo escenario.
Y mientras eso se construye, los emprendedores del sector tienen que estar en la mesa. No como lobbistas que defienden el modelo anterior, sino como arquitectos del que viene. Esa es la diferencia entre un sector que reactúa y uno que lidera.
Mi conclusión
La franquicia SENCE tenía que terminar. No ahora, quizás — hubiera sido mejor con un reemplazo diseñado — pero debía terminar. Cincuenta años de un instrumento que beneficiaba en un 88% a las empresas más grandes del país, con impacto cero medible en salarios y empleabilidad, y con una historia de fraudes que incluye cursos fantasma y operadores de mala fe, no merece defensa incondicional.
Lo que sí merece defensa es el trabajador chileno que necesita seguir formándose. El pequeño empresario que quería capacitar a su equipo y nunca pudo acceder al sistema. El emprendedor independiente que invierte en sí mismo sin que nadie lo reconozca. El adulto que quiere reconvertirse y no tiene empresa que lo lleve de la mano.
Reformar era la opción correcta. Eliminar sin reemplazar es una apuesta arriesgada. Pero eliminar y reemplazar con un modelo centrado en la persona — eso sí sería una política de capacitación digna del siglo XXI.
¿Cómo lo ves tú? ¿Trabajas en el sector y tienes una perspectiva diferente? ¿Crees que Chile está listo para un modelo de cuenta individual de formación? Me interesa el debate.
¿Trabajas en capacitación, formación o desarrollo de personas?
En un momento de quiebre como este, la conversación importa. Comparte tu perspectiva en los comentarios — o escríbeme directamente si quieres explorar cómo reinventar tu propuesta de valor para el nuevo escenario.
#DesarrolloOrganizacional · #Formación · #Liderazgo
Análisis · Capacitación Laboral · Emprendimiento · Chile 2026
El fin de la franquicia SENCE no es el fin de la capacitación: es el comienzo de algo mejor
Chile eliminó un instrumento que llevaba 50 años deformado por el abuso y la ineficiencia. El desafío ahora es que los emprendedores del sector no lloren la pérdida — sino que lideren la transformación.
Por Alejandro Strajilevich · Abril 2026
Esta semana el gobierno de José Antonio Kast confirmó la eliminación total de la franquicia tributaria SENCE, el mecanismo que desde 1976 permitía a las empresas descontar gastos de capacitación laboral de sus impuestos. El ahorro fiscal proyectado es de US$300 millones anuales. La reacción del sector fue, como era de esperarse, una mezcla de alarma, indignación y — seamos honestos — también algo de alivio.
Yo no voy a celebrar esta decisión sin más. Pero tampoco voy a llorarla. Porque la franquicia SENCE, tal como funcionaba, tenía un problema de fondo que ningún parche podría resolver: fue diseñada para capacitar, pero terminó sirviendo principalmente a quienes menos la necesitaban.
La verdad incómoda: el sistema estaba roto desde dentro
Hay que decirlo sin eufemismos. La evaluación de impacto de DIPRES publicada en septiembre de 2025 fue devastadora: el programa no generaba efectos estadísticamente significativos sobre salarios, estabilidad laboral ni empleabilidad a 12 ni 24 meses post-capacitación. Cinco décadas de gasto público con resultado cero en lo que más importa.
Pero hay algo peor que la ineficiencia: la captura. El sistema fue colonizado por prácticas que convirtieron la capacitación en una ficción rentable. Cursos de aromaterapia, risoterapia y danza del vientre facturados como formación estratégica. Cursos fantasma donde los participantes nunca asistieron. Operadores que intermediaban para cobrar y no para formar. La propia Contraloría detectó que solo el 46% de los cursos fiscalizados en Tarapacá tenían cierre correcto. Un sistema que financia el fraude no merece ser defendido tal como está — merece ser transformado.
Lo que murió no fue la capacitación laboral. Murió el subsidio mal diseñado que la hacía rehén de quienes no necesitaban subsidio.
— Una distinción que cambia todoEl problema real: eliminar sin reemplazar es tan peligroso como no hacer nada
Aquí es donde mi postura se separa del entusiasmo oficial. El ministro Quiroz confirmó la eliminación total — no gradual — de la franquicia, pero cuando se le preguntó por el reemplazo, la respuesta fue: "vamos a estudiar esquemas de aprendizaje en el trabajo". No hay proyecto de ley. No hay institución sustituta. No hay cronograma.
Esto es un problema grave. El propio Plan de Reconstrucción proyecta US$51 mil millones en inversión minera a 2034 y un boom en construcción que demandará capital humano calificado que Chile hoy no tiene cómo formar si cierra el grifo sin abrir otro. 30.000 familias ligadas directa o indirectamente al ecosistema de OTECs y OTICs quedan en suspenso. Y los trabajadores de sectores medios y bajos — los únicos que usaban genuinamente la franquicia para crecer — pierden el único acceso formal a formación continua.
Colombia construyó el SENA en 50 años. Brasil, el Sistema S en 80. Alemania, su modelo dual en más de un siglo. Chile tiene meses para decidir qué pone en lugar de lo que acaba de eliminar. Esa urgencia es también una oportunidad.
Lo que los emprendedores del sector debemos entender hoy mismo
Si trabajas en capacitación laboral — ya sea como OTEC, consultor, diseñador instruccional, facilitador, o como empresa que forma a su propio equipo — este es tu momento. No para quejarte. Para reimaginarte.
El ecosistema de capacitación chileno siempre tuvo dos almas: la de los operadores que vivían de la franquicia como negocio de intermediación, y la de quienes genuinamente querían formar. La primera alma acaba de perder su oxígeno. La segunda tiene más espacio que nunca.
¿Por qué? Porque cuando desaparece el subsidio fácil, sobreviven quienes ofrecen valor real. Las empresas — especialmente las pequeñas y medianas — van a necesitar capacitación tangiblemente útil, medible, y lo suficientemente eficiente como para justificar el gasto de su propio bolsillo. Eso eleva el estándar y elimina a los que vivían del formulario bien llenado.
Las oportunidades concretas para emprendedores del sector
1. Formación basada en resultados, no en horas. El modelo SENCE medía "participantes" y "horas dictadas". El nuevo mercado medirá competencias adquiridas, productividad mejorada, retención. Si puedes demostrar impacto real, tienes una propuesta de valor que ningún operador tradicional puede igualar.
2. Microformación digital y bajo demanda. Las empresas que antes enviaban a sus trabajadores a cursos de 40 horas ahora buscarán formatos de 15-20 minutos, en el propio puesto de trabajo, con evaluación integrada. El e-learning bien diseñado tiene su mejor momento en Chile precisamente cuando el presupuesto para formación presencial colapsa.
3. Alianzas intersectoriales para escalar sin la franquicia. El próximo sistema chileno necesitará operadores que ya funcionen a escala sectorial. Los emprendedores que construyan desde ya alianzas con gremios, municipios y asociaciones sectoriales tienen ventaja de posición.
4. Posicionarse como aliados de la pyme. El 88% del gasto SENCE iba a grandes empresas. El 100% de las pymes quedó sistemáticamente fuera. Ahí hay un mercado enorme, desatendido, y que hoy más que nunca necesita formación accesible en liderazgo, comunicación efectiva, gestión financiera, ventas y desarrollo de habilidades. Si puedes servir bien a una empresa de 15 personas, tienes un cliente leal para años.
El emprendedor de la capacitación que gane la próxima década no será el que llore el SENCE: será el que entienda que el cliente ya no es el Estado — es la persona que quiere crecer de verdad.
— El giro que define quién sobreviveLa propuesta que nadie está discutiendo: incentivar a la persona, no a la empresa
Aquí está el giro que creo que Chile necesita debatir con urgencia, y que casi nadie está poniendo sobre la mesa: el error de fondo de la franquicia SENCE no fue solo el fraude ni la concentración en grandes empresas — fue que el incentivo estaba en el lugar equivocado.
Durante 50 años, el Estado le preguntó a la empresa: ¿quieres capacitar a tu gente? Yo te pago. El resultado fue predecible: la empresa eligió qué, cuándo, cómo y a quién. El trabajador era el objeto de la capacitación, no el sujeto. Y la persona que más necesitaba formarse — el trabajador informal, el emprendedor independiente, el adulto que quiere reconvertirse — quedó completamente fuera porque no tenía empresa que lo llevara.
La pregunta correcta es otra: ¿y si en vez de subsidiar a la empresa que forma, incentivamos directamente a la persona que quiere formarse?
El modelo que proponemos
Este modelo existe. Francia lo implementó desde 2019 con el Compte Personnel de Formation (CPF): cada trabajador tiene una cuenta individual de formación accesible vía app, con más de 400.000 cursos certificados disponibles. En 2022 se activaron más de 2 millones de cuentas. No es utopía — es política pública probada.
¿Podría Chile hacer algo equivalente? Sí, y con ventajas adicionales: tenemos infraestructura digital avanzada, Registro Civil con cobertura total, y un ecosistema de plataformas e-learning que ya existe y espera ser reconocido oficialmente. El costo fiscal sería menor que los US$300 millones que se ahorra el gobierno, si se focaliza en trabajadores de tramos medios y bajos — los que nunca pudieron beneficiarse del modelo anterior.
El derecho a formarse no debería depender de si tu empleador decidió mandarte a un curso. Debería ser tuyo — personal, portátil, acumulable.
— El principio que cambia el modeloLo que esto significa para los emprendedores del sector
Si el incentivo se traslada a la persona, el mercado de la capacitación se transforma radicalmente. Ya no hay que convencer al jefe de RRHH de una gran empresa: hay que convencer directamente al trabajador, al técnico, al emprendedor. Eso favorece a quienes tienen propuestas concretas, accesibles y demostrablemente útiles — exactamente lo opuesto del modelo de los cursos fantasma.
Para los emprendedores de la capacitación esto significa: invierte en reputación, en metodología, en resultados medibles. Construye una marca que el trabajador quiera elegir cuando tenga la libertad de elegir. Ese es el negocio que sobrevive — y prospera — en el nuevo escenario.
Y mientras eso se construye, los emprendedores del sector tienen que estar en la mesa. No como lobbistas que defienden el modelo anterior, sino como arquitectos del que viene. Esa es la diferencia entre un sector que reactúa y uno que lidera.
Mi conclusión
La franquicia SENCE tenía que terminar. No ahora, quizás — hubiera sido mejor con un reemplazo diseñado — pero debía terminar. Cincuenta años de un instrumento que beneficiaba en un 88% a las empresas más grandes del país, con impacto cero medible en salarios y empleabilidad, y con una historia de fraudes que incluye cursos fantasma y operadores de mala fe, no merece defensa incondicional.
Lo que sí merece defensa es el trabajador chileno que necesita seguir formándose. El pequeño empresario que quería capacitar a su equipo y nunca pudo acceder al sistema. El emprendedor independiente que invierte en sí mismo sin que nadie lo reconozca. El adulto que quiere reconvertirse y no tiene empresa que lo lleve de la mano.
Reformar era la opción correcta. Eliminar sin reemplazar es una apuesta arriesgada. Pero eliminar y reemplazar con un modelo centrado en la persona — eso sí sería una política de capacitación digna del siglo XXI.
¿Cómo lo ves tú? ¿Trabajas en el sector y tienes una perspectiva diferente? ¿Crees que Chile está listo para un modelo de cuenta individual de formación? Me interesa el debate.
¿Trabajas en capacitación, formación o desarrollo de personas?
En un momento de quiebre como este, la conversación importa. Comparte tu perspectiva en los comentarios — o escríbeme directamente si quieres explorar cómo reinventar tu propuesta de valor para el nuevo escenario.
#DesarrolloOrganizacional · #Formación · #Liderazgo